El Sonido Sanador y Creador

El uso de la música y el sonido con una finalidad terapéutica y trascendental hunde sus raíces en los albores de la humanidad, es tan antiguo como el hombre y casi todas las culturas antiguas y todas las poblaciones autóctonas creían que el sonido era la fuerza creativa, generadora y responsable de la creación del universo.

El término “verbo” se refiere claramente al sonido, la palabra, la vibración, que es la fuerza divina o fuerza creativa, así mismo el vocablo AUM, conocido generalmente como OM en la tradición hindú, es considerado el sonido impulsor de la formación del universo.

Los egipcios ya por el año 1500 a.c, entendían la utilización de la música como un agente capaz de curar el cuerpo, calmar la mente y purificar el alma, como apuntan los primeros escritos que aluden a este tema, hallados en el año 1889 en la ciudad de Kahum. Más tarde fue en la antigua Grecia donde se plantearon los fundamentos científicos de la terapia de sonido, con personajes tan emblemáticos como Pitagoras, Platon, Aristoteles…

Pero lo cierto es, que es nuestra ciencia moderna occidental la que aporta las evidencias más claras y convincentes en lo referente al poder del sonido sobre la configuración y transformación de la materia; lo que constituye el fundamento de su capacidad curativa.

Toda la materia es sonido y emite sonido, estas son las conclusiones (de una forma muy resumida) a las que llega la física cuántica, aunque dichos sonidos se encuentren, en su mayoría, fuera de nuestro limitado sentido físico de la audición.

Pero el ejemplo más claro y visual del efecto que genera la música, el sonido, las ondas y cómo estas afectan a la materia nos lo aporta la ciencia de la Cimática, que precisamente se dedica al estudio de dichos efectos, dicha ciencia fue “descubierta” en la década de los 30 por el científico alemán, Dr. Hans Jenny. Sus experimentos demostraron que, si se colocan polvos finos o arena, sobre una lámina de metal y se les aplica una vibración de ondas acústicas, dichas partículas se organizaban formando patrones intrincados, mandalas geométricos de belleza indiscutible.

La ciencia de la cimática prueba más allá de toda duda, que cualquier sonido cercano al organismo humano originará un cambio físico en el interior del organismo y sus campos electromagnéticos. Este cambio puede que solamente sea temporal,  pero mientras perdura puede provocar ciertas impresiones y efectos tremendamente poderosos y mágicos, transportando a la persona a una profunda conexión interior; este es el momento especial de la sanación.

La terapia del sonido se fundamente en este principio de “resonancia en simpatía o solidaria” que es el hecho de que un objeto en vibración, provoca una vibración acompasada en otro. Es pues, lógico y fácil de comprender que cada parte del cuerpo, se trate de un órgano o de un chakra, tiene una frecuencia (índice de vibración) óptima y sana. Cuando estamos enfermos, se debe a que alguna parte de nuestro ser, no está vibrando en armonía consigo misma, con las demás partes o con el entorno. Esta disonancia o enfermedad puede sanarse con sonido y voluntad (intención)‚ devolviendo a las partes enfermas su frecuencia sana. Al dirigir el sonido “correcto” hacia nosotros mismos, o hacia la persona que desea ser curada, podremos regresar a una vibración óptima y sana.